Varios caramelos después, mi saliva se hizo muy espesa.
De pronto, no pude tragar.

Y me ahogué.

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Pánico.

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Porque la saliva no se movía y no podía respirar.
Joder no quiero morir aquí.

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Me inclino.
Rojo y con arcadas.

… Y en el almacén solitario, llegaron compañeros.

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Estoy bien. Un segundo…

y dos y tres.

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Comienzo a respirar muy poco a poco.
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Todo bien.
Un susto.
Son sólo varios caramelos.
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Ahora he ganado 10 años de vida.

Inofensivo caramelo / Foto: Carlos Martín
Inofensivo caramelo / Foto: Carlos Martín

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